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Consenso, respeto y alternativas

30 de Enero de 2013

Consenso, respeto y alternativas

La Ley del Ruido estatal, y la de la Comunidad Autónoma de Castilla y León que la desarrolla permiten adoptar algunas medidas para corregir niveles sonoros excesivos en zonas donde se incumplen de manera continuada los objetivos de calidad acústica.

Para entendernos, estamos hablando de las zonas de copas donde se superan los límites de ruido establecidos en las leyes. En Burgos, se trata de las Bernardas y de las Llanas, las declaradas como ZAS (Zonas Acústicamente Saturadas), donde ya se vienen aplicando medidas restrictivas de la actividad hostelera. Medidas que se resumen principalmente en dos, y que el Ayuntamiento pretende ahora revisar: prohibición de poner en marcha nuevos bares, restaurantes, discotecas?, y restricción de horarios (por encima de lo establecido en la ley) a los establecimientos de este tipo ya existentes. La solución a este problema, según el Grupo Municipal Socialista, debe pasar por el consenso. Acuerdo con los vecinos afectados, por supuesto, pero también con los hosteleros. El derecho al descanso de los ciudadanos que viven en estas zonas debe ser garantizado, al tiempo que se respeta la libertad de los empresarios del sector que quieren mantener y crear empleos, siempre que cumplan las leyes. Aquí es donde veremos la capacidad de diálogo del equipo de Gobierno. El PP en el Ayuntamiento tiene que saber conjugar los derechos de todos los actores implicados. A eso se le llama gobernar: velar por el interés público. En todo caso, no es suficiente con aplicar unas u otras medidas. Con prohibir unas u otras actividades u horarios. Esto no funciona así. Los niveles sonoros excesivos no suelen ser fruto del incumplimiento de las insonorizaciones necesarias en los locales, sino de las personas que charlan en la calle, fuera de ellos. Y aquí el Ayuntamiento tiene mucho trabajo por delante: en primer lugar, hace falta una campaña de sensibilización para fomentar los hábitos saludables y el respeto al descanso de los demás. Y, sobre todo, son necesarias alternativas de ocio para los jóvenes: deportivas, lúdicas, culturales? Todos sabemos qué hará un adolescente al que se le prohíbe estar en un sitio a una hora: llegará antes de tiempo. Todos sabemos qué hará si se le prohíbe charlar: cantará y gritará. Hagámosles una oferta que no puedan rechazar.