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La suerte de la educación en España

18 de Octubre de 2010

La suerte de la educación en España

En España tenemos la suerte de contar con un sistema de educación que garantiza una formación gratuita y de calidad hasta los 16 años. ¿Seguro? Juguemos a encontrar los errores.

¿Suerte? ¿Se puede llamar suerte a aquello que se ha conseguido a través de mucho esfuerzo y sacrificio? No se trata de suerte, sino de prioridades. ¿Gratuita? Hasta cierto punto. Según una encuesta a escala nacional publicada en 2009 por el Instituto Nacional de Estadística (INE), el gasto anual medio de las familias relativo a las clases lectivas ascendió en los centros concertados a 247 euros en primaria y 220 en secundaria, mientras que en los centros públicos el gasto por este concepto es cero. Esta diferencia de coste representa una barrera de entrada para muchos padres, es ilícita, y no debería permitirse por parte de las Comunidades Autónomas, que son las garantes de la adecuada gobernanza de los centros educativos y muy especialmente, de aquellos gestionados con dinero público, es decir, tanto de los colegios públicos como de los concertados. ¿De calidad? En general, sí. Pero? ¿qué ocurre cuando las barreras económicas o de otra índole de algunos colegios discriminan sistemáticamente a las minorías? Pues que esto da lugar a que coexistan colegios con porcentajes altísimos de minorías con otros en los que éstas prácticamente no existen. ¿Consecuencia? Que si no se dota a los primeros con los medios adecuados, el nivel de la educación se resiente. Las minorías enriquecen la formación de los alumnos, y su homogénea distribución entre los colegios permite una mayor integración de éstas en la sociedad. Sin embargo, cuando la administración competente no cumple con sus obligaciones, esta riqueza se convierte en un freno para la educación. ¿Hasta los 16 años? Pero, ¿desde cuándo? Desde luego, no en el tramo de 0 a 3 años, en el que la mayoría de los niños se ven obligados a acudir a centros privados, a falta de plazas en el sector público, que, cuando existen, igualan casi siempre en coste a las del sector privado. Es decir, que de gratuitas, nada. Las Comunidades Autónomas tienen mucho por hacer, y deben hacerlo, con la colaboración de los Ayuntamientos. Sin embargo, la pasividad de los gobiernos de ciertas Comunidades Autónomas podría llevarnos a pensar que están deseando que la calidad de la enseñanza en los colegios públicos empeore para que se vacíen en beneficio de los concertados o de los privados. De esta manera, existirían dos tipos de colegios en los cuales la calidad de la enseñanza sería muy diferente. La igualdad de oportunidades sufriría su derrota más severa, porque el ataque se produciría en la misma base del sistema. No más errores. No descuidemos nuestros logros, o se nos acabará la suerte.